Rhodogil con metronidazol

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Rhodogil e infecciones bucales - Unsplash Caroline LM

Si tu médico te ha prescrito Rhodogil, es probable que lo hayas visitado por un dolor de muelas causado por una infección bacteriana. Aunque no está indicado para todas las infecciones dentales, es una de las principales razones de su consumo.

Contiene dos tipos de antibióticos, el metronidazol y la espiramicina, que actúan de manera complementaria ante ciertos patógenos que vamos a explicar. Hay que recordar, que como todos los antibióticos, requiere receta médica. En el caso mencionado, por un dentista. La OMS ha alertado en numerosas ocasiones, sobre la necesidad de limitar el uso de antibióticos para evitar el incremento de resistencia de estos microorganismos.

Rhodogil, ¿para qué sirve?

Dentro de los patógenos que pueden infectar el organismo tenemos a los protozoos y las bacterias. Ambos son minúsculos seres unicelulares, si bien los primeros más complejos y de mayor tamaño. Tienen una estructura celular con núcleo y otras subestructuras, por lo que se parecen más a una célula animal.

Las bacterias en cambio, no poseen un núcleo diferenciado ni otras partes como las mitocondrias. Aunque tienen mala fama, vivimos rodeados de bacterias, tanto en nuestra piel como dentro de nuestro organismo. Y la gran mayoría son inocuas o incluso beneficiosas para nuestra salud.

Más allá de estos detalles, ambos son parásitos, ya que necesitan del cuerpo de un huésped, para poder reproducirse y vivir. Y pueden provocarnos enfermedades frente a las que actúa Rhodogil:

  • Tratamiento de infecciones bucales graves, técnicamente llamadas infecciones estomatológicas agudas o crónicas. Por ejemplo, una periodontitis o una gingivitis, que afecte a las encías. A veces se puede usar de manera preventiva, cuando se prevé por una intervención de cirugía odontoestomatológica, que haya riesgo de contaminación en la boca.
  • Una otitis, que afecte al oído y una sinusitis en las pequeñas cavidades de la cara, de tipo bacteriano.
  • Infecciones orofaríngeas, que afectan a la mucosa, procedentes de bacterias anaerobias.
Rhodogil con metronidazol
Rhodogil con metronidazol

Rhodogil 750

Rhodogil 750 hace referencia al fármaco comercializado con una concentración de 750.000 U.I. de espiramicina y 125 mg de metronidazol, sus dos principios activos. Entre sus excipientes están el sorbitol y la croscarmelosa sódica.

El envase de debe guardar fuera de la vista y alcance de niños y a una temperatura inferior a 25c.

Para conocer más este fármaco, acudimos a su prospecto informativo, que siempre es conveniente leer antes de tomarlo.

¿Cómo tomarlo?

Se tragan los comprimidos, sin masticar, con ayuda de un vaso de agua. Mejor separados de las comidas, para facilitar la absorción. Es importante evitar bebidas alcohólicas mientras se tome.

Por otro lado, hay que ser muy riguroso con los tratamientos de antibióticos y seguir las instrucciones que nos hayan dado. Tomar las pastillas que se nos diga y no prolongar, ni acortar la duración.

De manera general, los adultos mayores de 15 años tomarán de 4 a 6 comprimidos diarios, durante dos o tres tomas. Los adolescentes y niños de 10 a 15 años, normalmente tres comprimidos diarios.

¿Quién no puede tomarlo?

Cuando se realiza la visita, hay que prevenir al médico u odontólogo de cualquier enfermedad que tengamos. También de cualquier tratamiento que estemos siguiendo, para evitar una contraindicación con otro medicamento. El prospecto explica los casos más importantes.

No se debe tomar si se conoce alguna alergia a cualquiera de los componentes, a los antibióticos, la fructosa, etc.

Las personas con enfermedades hepáticas deben prevenir al médico. Como otros fármacos, se elimina por el hígado, así que el especialista debe valorar si se puede tomar.

No está indicado para mujeres embarazadas ni tampoco en periodo de lactancia.

Tampoco los niños menores de 10 años deben tomarlo, aunque queda a criterio del médico casos excepcionales.

Efectos secundarios

El prospecto explica toda una serie de posibles efectos secundarios que hay que vigilar. Las más comunes son:

  • Parestesia, u hormigueo de manos o pies, alteración del tacto.
  • Trastornos digestivos como náuseas, vómitos o diarrea.
  • Alteración del gusto.
  • Erupción cutánea.

Si notamos cualquier alteración grave, se debe parar el tratamiento y avisar rápidamente al sanitario que nos haya atendido.

Una de las posibles alteraciones es la aparición de cansancio, confusión o mareos. En estos casos no se debe conducir no manejar maquinaria peligrosa.

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